ISAAC LOYA

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Restaurador

¿Qué virtud admira más en una persona?
La honestidad y la humildad, y permitir crear una confianza que perdure.

¿Y qué defecto le molesta más?
La falta de seriedad y pasotismo ante la vida en general, ese sentido del compromiso que cada día se pierde más.

¿Cuál es la idea más estúpida de la humanidad?
Creer que las cosas llegan solas; pocos son los que consiguen sus sueños sin luchar por ellos. La vida es un trabajo que se crea a base de mucho esfuerzo.

¿Y la más positiva?
Los nuevos avances tanto tecnológicos como científicos que han conseguido que evolucionemos y han mejorado nuestra calidad de vida.

¿Por qué le gustaría ser recordado?
Por todos aquellos platos, momentos y sensaciones que han hecho disfrutar a mis clientes, amigos y compañeros. Por haber logrado que alguien fuese feliz gracias a mí en un momento de su vida.

Si no se dedicara a la hostelería, se dedicaría a…
Desciendo de una familia de hosteleros, principalmente mi padre, Miguel Loya, de quien aprendí todo. Es difícil imaginar mi vida fuera del mundo hostelero, pero hubiera terminado en alguna ingeniería, algo que siempre me gustó.

Si no tuviera que trabajar nunca más, ¿qué haría?
Disfrutar de mi familia y viajar. Conocer e indagar en las diferentes gastronomías más aún de lo que he podido experimentar.

¿En qué cree?
En mí y mi trabajo.

Un sueño hecho realidad.
La mayor alegría llegó hace poco menos de un año con mi hijo Pablo, quien me hace sonreír todas las mañanas y es mi mayor distracción.

¿Y uno por realizar?
Tener más tiempo para disfrutar de la vida. Es muy simple la respuesta, pero es lo que más anhelo: poder vivir al máximo lo que ya tengo.

¿En qué está trabajando ahora?
En mi restaurante el Real Balneario, a los pies de la playa de Salinas, con una cocina que tiene como base los mejores pescados y mariscos del Cantábrico. La mejor muestra de la cocina asturiana a caballo de la vanguardia y la tradición.



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