JAPÓN, EL PAÍS DE LAS MIL CARAS

Green tea Fields IV

Una ruta por Honshu

Conocer este país en profundidad requiere de varios viajes, y en cada uno de ellos se descubrirá algo nuevo y sorprendente. Pero para una primera aproximación, lo mejor es visitar Tokio, Osaka, Kioto y Nara, cuatro ciudades en la isla de Honshu, la más grande de Japón. El sistema ferroviario japonés es uno de los más eficientes del mundo —si no el que más— y gracias al tren bala (Shinkansen), entre otros, se pueden recorrer miles de kilómetros en tiempo récord. Si se tiene previsto realizar varios trayectos, es conveniente sacarse el Japan Rail Pass en el país de origen (www.japanrailpass.net). Desde Tokio se puede hacer una excursión a la región de los Cinco Lagos (a 100 km de la capital) para maravillarse con el monte Fuji. El volcán se puede contemplar desde alguna localidad cercana, aunque los más aventureros pueden subirlo para deleitarse con las vistas al amanecer. En Japón, además, no hay que olvidar hacer una visita a algún onsen, los manantiales de aguas termales que forman parte intrínseca de la cultura japonesa. Pueden encontrarse repartidos por todo el país, pero el Parque Nacional Fuji Hakone es una muy buena opción.

Si existe un lugar en la Tierra en el que la historia y la tradición convivan con el futuro y la vanguardia, ese es el País del Sol Naciente.

Osaka tiene una población de 18.644.000 habitantes

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Antigua capital imperial, Kioto está repleta de palacios y templos





Nara fue también capital de Japón entre los años 710 y 784

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Tokio es una ciudad vibrante donde descubrir las últimas tendencias

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La eterna búsqueda del iyashi

Los habitantes de Japón sufren los niveles de estrés más elevados del mundo. Tanta es la exigencia que recae sobre los profesionales, que la búsqueda constante del relax –iyashi– y la desconexión se ha grabado ya en el ADN de la personalidad japonesa. De ahí la afición a los baños relajantes en un onsen, la meditación zen, las sesiones desbocadas de canto en un karaoke o las partidas interminables de videojuegos. Pero yendo un paso más allá, los japoneses han creado formas de diversión a menudo incomprensibles para las mentes occidentales. Es el caso del cosplay (costume play o juego de los disfraces), gracias al cual cualquier adulto puede convertirse en su dibujo animado favorito sin que a nadie le llame demasiado la atención. O el de los maid cafés, en los que uno puede tomarse una copa servida por una señorita vestida de camarera antigua y con los modales de un personaje de Emily Brönte. Todo ello hace que por las calles de cualquier ciudad sea habitual toparse con personas de aspecto variopinto y que, al menos en ese sentido, el grado de tolerancia de los japoneses se eleve muy por encima del de los europeos.

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